La peculiar forma de Julita Salmerón para comprobar que su marido no está muerto

Julita y Gustavo Salmerón, madre e hijo, son protagonista y director respectivamente del que ha sido el documental revelación de 2017: «Muchos hijos, un mono y un castillo». «¿Os imagináis tener una madre que esté tan enamorada de José Antonio Primo de Rivera que sueñe con hacer croquetas con su cuerpo o que tenga tres sueños: tener muchos hijos, tener un mono y comprarse un castillo?», así presentaba Pablo Motos a Julita Salmerón antes de que ella y su hijo Gustavo entraran en el plató de «El Hormiguero».


«El día del estreno me dieron tantos besos que me tiré dos días sin lavarme la cara», recordaba Julita. Pero tuvo que parar la anécdota para contar que su marido se había olvidado de que era el día de San Valentín. «Un día en un pueblo me encontré un chico. Estuvimos dos horas andando hasta que tocaron los tambores de la procesión. Me dijo que se tenía que ir. Creo que ahí vio que en mis ojos había amor y se fue. Pero desde aquel momento no nos hemos separado. Me enamoré de él y me casé con él», cuenta mientras matiza que ella «es de capital».


Los hijos los sigue teniendo, pero el castillo lo ha perdido. «Aún tenemos varias casas. Algunas las vendemos por si alguien quiere comprarlas», decía seria. La clave de este documental ha sido que, pese a ser un documental, está estructurado como una película de ficción. «Los giros de guion son los cambios en su vida», relata Gustavo. Es que el director estuvo rodando durante 14 años y obtuvo más de 400 horas de grabación.


«Siempre pasan cosas en casa de mis padres, cosas divertidas«, añade. No nos extraña. Al parecer, el día de los Goya, cuando regresaron a casa después de toda la ceremonia, Julita descubrió que había un contenedor repleto de cosas delante de su casa y se tuvo que parar a ver que había. «A mi marido le faltaba una mesita de noche, como visteis en el documental, pues cogí dos mesitas de noche preciosas. Yo no pude cogerlas, pero delego rápido», continúa. Ahora, esas mesistas están en el jardín delantero, junto al belén de Navidad que «lleva cinco años allí». «Es tal su pasión por la Navidad, que hasta el Goya tiene un gorrito de Papa Noel», matizaba Gustavo.


A través de la Navidad, Julita está más cerca de los que ya no están. «Cuando estoy un poco regular, me pongo un villancico. Me gusta mucho ‘Noche de paz’, pero depende de mi estado de ánimo escucho uno u otro», cuenta Julita. La matriarca de los Salmerón escucha esa música en un walkman de los ochenta. «Tengo unas 300 cintas», reconoce. «Pero ese es el problema, ¿qué haces con todo eso? ¿Lo tiras?», reflexiona Gustavo. Sin embargo, lo que no cuenta el director de «Muchos hijos, un mono y un castillo» es que toda la familia es igual. «Pero si tenéis un almacén donde guardáis todo», contesta Pablo Motos.


La reina de las anécdotas
La gracia de Julita Salmerón contando historia ya la conocemos y, como no podía ser, en «El Hormiguero» nos sorprendió con otra. «Hubo un día en el que fui a tomarme un café al Corte Inglés y de repente cuando me terminé vi que había una muela en mi vaso. Lo que pude liar, llamando al gerente y todo», cuenta. Lo único que se le ocurrió decirle al gerente es que el diente podía ser de la vaca. «Me fijé en el diente. Era pequeñito y estaba empastado. No era común. Entonces me di cuenta de que la sacarina que había echado en el café no era sacarina, era la muela de uno de mis hijos, que las guardo en un tubito», continúa mientras dice que será una de las historias que añada en el libro que Planeta le ha pedido que escriba.


Para agradecer la invitación al programa, Julita Salmerón le trajo un tenedor (de los extensibles) a Pablo Motos. «¿Sabes para qué uso yo esto, Pablo? Mi marido y yo dormimos en camas separadas, y él hace por las noches los sonidos que hacéis todos los hombres: los sonidos esos del más allá», relata mientras trata de imitar ese ruido. «Entonces, cojo el tenedor este, lo alargo y le pincho hasta que se despierta y así sé que no está muerto», asegura.



«Muchos hijos, un mono y un castillo» ha recibido un sinfín de premios durante esta temporada. Esta particular cinta de la familia Salmerón, ha sido reconocida en los Premios Forqué, en el Festival de Karlovy Vary (República Checa) y en diversos festivales de cine de Estados Unidos. Pero nosotros nos quedamos con el momentazo que protagonizaron al recoger el Premio Goya al mejor documental. Gustavo Salmerón es consciente de a quién le debe todo: a su madre; y aprovechó el discurso de agradecimiento para decírselo. «Quiero entregar este Goya a la persona que realmente se lo merece, Julita Salmerón, mi madre», dijo emocionado.



La reina de los discursos

El público que asistió a la gala de los Goya no dudó en ovacionar tan justa dedicatoria. Y Julita Salmerón, con seis kilos menos que perdió para la ceremonia («de todos los deseos de mi vida el último no lo pude conseguir: adelgazar», dijo, siempre exigente), robó el escenario e hizo reír a los asistentes.


«Pesa mucho, gracias. No puedo sujetar este monstruito. No sé qué decir, estoy anonadada (...) después de ver tantos actores y actrices... ¿qué hago yo aquí, si soy insignificante?», empezó, entrecortada por los nervios y la emoción, Julita Salmerón. «Eres fantástica, mamá», la interrumpió el director de «Muchos hijos, un mono y un castillo». «Lo dices porque soy tu madre», respondió con desparpajo la nueva estrella del cine español, o al menos la que más brilla.


«Estoy tan feliz casi como el día que me casé con mi marido. Lo siento Antonio, pero después de ti el más guapo es Javier Bardem», bromeaba, mientras la pareja de su hijo, Beatriz Montáñez, intentaba que él también subiese al escenario. «Me van a conocer en toda España, no voy a poder ir a la compra con el carrito», continuó Salmerón. «Gracias a mi abuela, que gracias a su vertebra estamos aquí», concluyó.
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